Pensamientos: Sobre el tamaño del mundo (y el hombre)
Justo ahora, embarcado de camino a Milán, por donde pasaré brevemente antes de pisar mármol ateniense, me agita favorablemente la experiencia del viaje: de la travesía en el mundo que inevitablemente conlleva su ampliación. Constantemente repito, porque lo aduce mi madre y yo lo he verificado, con claridad, que el mundo es notablemente «más grande». Esta inmensidad, que es invisible, es siempre mayor que cualquier otra cosa. No pretendo que mi opinión sea malinterpretada: el mundo no es, de ningún modo, el suelo extranjero. El mundo es también uno mismo. La profundidad del mundo no depende de los viajes acumulados, sino de las modalidades del pensamiento que nos gobiernan de costumbre y, ante todo, de la autoconsciencia que de ellas brota. Que hay algo más allá es un sinónimo de ello y un hecho que, según supongo, no debo probar: pues se asiente universalmente. Siempre hay algo más allá: en términos quizá más comunes, otros amigos, otro empleo, otro amor y, presumiblemente, todo esto d...